Llegado el año 2011, es momento de hacer balance de lo que ha ocurrido en el 2010. Si todos tuviésemos el mismo grado de coherencia, del examen de conciencia que hagamos nos debe dar un resultado muy pobre. Lo que ocurre es que unos tenemos el sentido de la proporcionalidad más acusado que otros. Lo mismo se puede decir de la dignidad.
El año 2010 que se empezó con una asociación de suboficiales en la que todos luchábamos por un fin común y ha acabado, para nuestra vergüenza, como el rosario de la Aurora. Nos hemos hecho la puñeta los unos a los otros todo lo que nos ha dado la gana y más. Como si el asunto mereciese la pena; que personalmente creo que no. La sangre no ha llegado al río y, si alguien no se empeña en lo contrario, las aguas han de volver a sus cauces.
Ahora que he dejado de pertenecer a la, hasta ahora, única asociación de suboficiales quiero abrir el apartado de confesiones personales.
Ni fui yo el primero en desatar las hostilidades ni ha habido acuerdo colectivo de respuesta ni plan previo para actuar. Mi respuesta ha sido individual, autónoma y acorde a mi estado de ánimo, aunque haya habido personas que han expresado sus opiniones coincidiendo con las mías a pesar de no conocernos.
Sin causa suficiente, sin explicaciones de ningún tipo y ocupando una posición francamente inferior, los que fueron mis representantes me han maltratado, así lo he sentido yo, me trataron muy injustamente, así lo he sentido yo, me han ninguneado, así lo he experimentado, y me han borrado del mapa gratuitamente, así lo he experimentado yo también. Pero dado que ya no pertenezco a esa asociación -no voy a entrar en profundidades-, simplemente espero que si son capaces, estas impresiones les sirvan para una hacerse u nacomposición de lugar si son capaces de emplear cierto grado de empatía. Simplemente apuntar que las injusticas crean indignación. Todavía me pregunto el porqué de mi situación, pero a estas alturas creo que sólo por fines estadísticos. No obstante, opino que todo lo anterior justificó el enfado que tuve porque yo no merecía ese trato. ¿Merece un trato inmerecido una crítica inmerecida?.
El espectáculo de estos cuatro meses pasados ha sido bochornoso. De una situación privada en una asociación cohesionada, hemos pasado a una pelea pública en una asociación desmembrada. La dimensión pública fue consecuencia de los acontecimientos producidos alrededor del 18S. Seguramente las cosas pasan porque conviene que pasen pero mientras tanto, nos hemos ido dejando por el camino muchas cosas; unas menos importantes, como las materiales, y otras que sí merecían la pena: las personales.
Vayamos a las personales. Las palabras no hieren porque no hacen daño y sólo se ofende el que está dispuesto a ello. Ofenden más las acciones y hieren los hechos; no es lo mismo que te digan que te van a dar un guantazo que te lo den. Lo primero no hace daño pero lo segundo sí. Lo que ocurre es que la sensibilidad de cada cual es un instrumento de desigual calibración; somos muy sensibles para unas cosa y muy poco para otras. Yo he protestado, me he descojonado, me he subido por las paredes y he dicho en voz alta lo que pienso y lo que no, pero no se me ha ocurrido tratar a nadie como una cosa, como un número, que es lo que se ha hecho conmigo. Creo que la proporcionalidad de mis acciones con respecto al trato que recibí no es tal en mi detrimento.
Personalmente me da igual el aspecto asociativo y las consecuencias materiales de lo que ha ocurrido, todo ello es sustituible, pero las relaciones personales son únicas. Cada uno dentro de sus posibilidades y como mejor ha entendido, ha embestido al prójimo bien con rencor, bien por interés iconfesable, bien con jocosidad no exenta de mala leche. Generalmente, yo no guardo rencor, simplemente estoy decepcionado, yo apreciaba verdaderamente al vicepresidente de la asociación a la que he dejado de pertenecer. Pero no quiero ir dejando cadáveres tras de mí que se vayan descomponiendo y huelan a podrido, por eso no tengo inconveniente en disculparme con todos aquéllos que se hayan sentido ofendidos por mis palabras. Conmigo el primero porque tenemos que vivir juntos y porque para empezar una nueva etapa, es necesario hacer examen de conciencia, dolerse de los errores, confesarlos, enmendarlos y proponerse nunca más errar. De todo lo anterior, lo más difícil es la enmienda porque sólo Dios es perfecto y sabe perdonar, nosotros nos dedicamos a vengarnos y a sobrevalorarnos, que es lo que nos va. Yo, por ejemplo, me he sentido inmensamente indignado con la utilización de imágenes religiosas, pero es que religiosamente soy un poco intransigente aunque no pueda decir lo mismo de la tolerancia.
Me disculpo conmigo mismo por no haber sido lo suficientemente coherente como para mantenerme alejado de lo que siempre me ha causado desconfianza; las asociaciones “empresariales” profesionales.
Me disculpo conmigo mismo por no haber sabido mantenerme alejado de los foros virtuales, a los que considero una barraca de colegas de aforo muy limitado, aunque otros lo consideren la palabra de un dios mayor.
Me disculpo conmigo mismo por no haber podido mantener la boca cerrada ante la injusticia.
Me disculpo conmigo mismo por no haber podido evitar adornar lo que pienso y hacer comparaciones jocosas según mis preferencias.
Me disculpo conmigo mismo por complicarme la vida innecesariamente en asuntos que ni me deberían ir ni venir, porque no persigo otra cosa que vivir tranquilo. Por eso me di de alta en una asociación profesional. Paradójico.
Me disculpo conmigo mismo por no haber priorizado los aspectos importantes frente a los que no me deberían decir nada.
Me disculpo conmigo mismo por no haber sabido mirar en el fondo de las personas y haber depositado en ellas una confianza que no merecían.
Me disculpo conmigo mismo por haber creído que, en el fondo, todos somos iguales
Me disculpo conmigo mismo por consumir recursos personales y exponerme a desgastes improductivos.
Me disculpo con mi familia porque no merecen que les quite tiempo y atención por estas nimiedades.
Me disculpo con los lectores de los foros porque se han tenido que hartar. Un foro es un medio de desahogo diría que casi infantil y dejar la propia fama en las opiniones que se cuelgan es de una frivolidad que espanta . Algunos lo comparan con el Wall Street Journal, con el BOE, con el tablón de edictos de su Ayuntamiento o con el Evangelio, ese es su problema.
Me disculpo con todo aquel que se haya sentido ofendido con mis palabras, muy especialmente, con el vicepresidente de la asociación a la que he dejado de pertenecer, a pesar de que, de una relación bilateral fluida pasara a relación unilateral tiránica e indolente sin otro preámbulo ni explicación. Me he sentido utilizado, ninguneado, traicionado y tirado a la papelera sin leer. Espero que comprenda que haya gente a la que una traición, por muy pequeña que sea, le llegue a enfadar en un momento dado. Yo asumo mi perfil de peón en un tablero de fichas más altas y valiosas. A cada acción le sigue una reacción, ya lo dijo Newton, pero antes que él lo sabían los budistas, es la ley de la causa y el efecto. Y hablando de la causalidad:
¿Alguien se imagina elevando un parte disciplinario de un compañero de escala por una presunta falta que todavía no ha prescrito?. No creo. Gran golpe de efecto; “Admitido a trámite propuesta de expediente disciplinario contra Fulanito” o “Fulano de tal corregido por tal y tal”. Sería un consuelo de miserables.
¿Alguien se imagina que yo ejerciese acciones judiciales contra un compañero de escala y de asociación por llamarme loco, sopirao, zokete, trastornao, hombre bala, incapaz y desequilibrado e intentar ridiculizarme con aparente descrédito en un foro?. Idem. Mi fama no reside en un foro, ni en la opinión que dos o tres señores tengan de mi; mi persona es mucho más que eso, mi autoestima no depende de ello y, a lo mejor, hay gente que me ve así, lo que me lleva a pensar que puedo estar fallando en algo o que la evidencia es tal que me he de rendir a ella y no preocuparme. Si he vivido lo que llevo de vida con ello, puedo seguir viviendo lo que me quede que seguro que es menos.
¿Alguien se imagina que unos señores se vayan a los tribunales porque habiendo pagado una cuota, una asociación no les da los servicios que han prometido?. Eadem. Ridículo, te cabreas y te vas. Que es lo que he hecho.
No hablaremos de otros asuntos que son menos simpáticos pero que ahí están y que, seguramente, pasarán de largo.
Ninguna de las opciones anteriores y otras que se me ocurre, serían descartables, pero ¿a dónde vamos, qué es lo que queremos y cuáles pueden ser a medio largo plazo los resultados de todas esas acciones?. No obstante, ¿existen las posibilidades antes mencionadas?. Pues sí, pero su ejercicio depende de la calidad de las personas.
Yo desde luego no voy a entrar en esos juegos porque desde pequeño tengo una cosa por seguro: cuando se escupe para arriba estando resfriado, el escupitajo te cae en la cara. ¿Para qué nos hemos tomado entonces la molestia de girar el cuello?.
La diferencia entre unas personas y otras reside en la calidad de sus actos porque son reflejo de lo que hay en el corazón, por esta razón hay actos que se pueden someter a la justicia humana pero otros, sin embargo, sólo pueden ser juzgados por la divina. Así que a medio plazo, me siento inclinado a perdonar a los que me han maltratado y tiranizado en cualquier aspecto de mi vida y en cualquier actividad y seguir con lo mío.
A ver si somos capaces de no ahondar en los errores cometidos y dejarlo estar, ya nos hemos maltratado lo suficiente los unos a los otros, cada uno en su modalidad, y el informe trimestral y los datos numéricos están cerrados y enviados. Pero parafraseando a Cristo; que no sea lo que yo quiera, sino vuestra voluntad.
Corramos un tupido velo y dejemos que el tiempo nos dé perspectiva, lo mismo es verdad que perseguimos el bien de la escala y no se vuelven nuestras acciones contra nosotros mismos.
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